El afilador

El afilador es un oficio muy antiguo que llegó al Río de la Plata a través de los inmigrantes gallegos. Es un prestador de servicios ambulante, que ofrece el afilado de cuchillos, tijeras y otros instrumentos de corte. Alguno de ellos incluye también el servicio de reparación de paraguas.

El afilador recorre lentamente las calles en bicicleta, haciendo sonar una “siringa”, un instrumento musical con tubos de distintas longitudes, que el afilador ejecuta de forma muy sencilla con dos golpes de aire, un pasaje por todas las notas de grave a agudo, e inmediatamente a la inversa. Esos dos sonidos casi metálicos, que se asocian a la pasada de una hoja metálica contra una piedra de afilar, distinguen claramente al afilador de otros prestadores de servicios callejeros que usan otros tipos de llamadores sonoros.

Fotografía Enrique Zunini
Fotografía Enrique Zunini

Una vez que el vecino interesado lo llama, el afilador detiene su vehículo, eleva y asegura la bicicleta bajando un soporte al suelo y pone en funcionamiento su equipo, que tiene la peculiaridad de que la piedra esmeril circular que usa para afilar, gira por el pedaleo del afilador aún montado en su bicicleta.

Los afiladores en Salto fueron muy frecuentes hasta las décadas de 1970- 1980, luego comenzaron a hacerse muy escasos, pero puede decirse que este oficio tradicional no se ha extinguido y que aún puede verse algún afilador por los barrios de la ciudad y los pueblos del departamento.

 

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