Aguas corrientes – Saneamiento

PATRIMONIO MATERIAL

“El último servicio de progreso urbano incorporado a la vida de la ciudad salteña, tenía que ser, y fue, por su naturaleza y su trascendencia, el servicio de aguas corrientes y la red de caños y cloacas obligadamente anexa.

El Uruguay proveyó, primero y siempre, las necesidades más elementales de la población, con su agua dulcísima, liviana y opalino que deja un vago légamo transparente en el fondo de las tinajas….

Los “aguateros” eran populares y servían todo el año, anunciándose con el cencerro pendiente del collar de los bueyes.

Las tinas, suplían también, las necesidades, guardando a la sombra del corredor o de la madreselva el agua llovediza.

El aljibe fue cosa tardía, que apareció allá por el año 60 y tantos.

Toda esta agua era el agua de beber, naturalmente, pues, la que requería la faena casera, y el baño, y el riego de las plantas, era agua de pozo  manantial, “pozo de balde”, de los que cada casa tenía uno, de 15 a 20 varas, calzado de piedras y ladrillos, tapizado de helechos.

Junto al pozo estaba el cuarto de baño –que hemos de llamar así- un reparo de cañas y lienzos, sin techo; una media tina para bañera, unas tablas para no ensuciarse los pies.

La sirvienta llenaba la tina por la mañana,  para la tarde, a las 4 o las 5, el sol –el buen sol salteño- había templado el agua discretamente….

¡Lejos estaban los cuartos de baño perfectos de hoy, brillantes de esmalte, y los aparatos de calefacción instantánea!

El agua del Río Uruguay no obstante ser agradable y potable, en términos generales, está recargada –las mas veces- de materias organizadas, y la forma de captación, imperfecta y primitiva, aumentaba los inconvenientes de su uso del punto de vista de la higiene estricta.

Teniendo en cuenta tales circunstancias, la Junta Económico Administrativa celebró en 1866, un contrato con la firma Laverge y Compañía “para extraer de la canal del Río Uruguay agua limpia y pura, a fin de llenar las necesidades de la población”.

Transcurridos trece meses sin que la casa contratante hubiera dado cumplimiento ni a las primeras cláusulas de su compromiso, la Corporación Municipal declaró caducado y nulo el contrato y, con fecha 16 de Setiembre de 1868, elevó al Ministerio de Gobierno la solicitud del conocido vecino de arraigo, Tomás Gomensoro, referente a un nuevo plan de suministro de agua potable.

No habiendo resuelto nada la superioridad, insistió la Junta sobre el asunto, por nota del 25 de Febrero de 1869, pero tampoco se  obtuvo resolución en ningún sentido y la tentativa se malogró también.

En 1888 el ingeniero Melville Hora presentóse al Poder Ejecutivo con otro proyecto de aguas corrientes; los estudios estarían prontos a los 6 meses de otorgada la concesión y los trabajos se concluirían en el plazo de un año. Los precios debían ser los mismos de Montevideo; habría dos fuentes públicas y el monopolio de la empresa duraría 30 años.

La concesión caducó sin que nada se formalizara. Los señores José Moulié y Agustín J. Cibils, en 1893, volvieron  sobre el negocio. No excedería el precio de los 1.000 litros de 1 peso oro; se surtiría  gratuitamente al Hospital de Caridad, a la fuente de la plaza Treinta y Tres y a otra que pudiera construir la Junta en la Plaza Nueva.

Además se establecerían cuatro hidrantes de uso público, uno en el puerto, otro de cada plaza principal, y otro en el punto más céntrico del pueblo del Cerro.

Quedó en proyecto la deseada obra, como todas las demás.

“El agua del Uruguay, dice un informe de los médicos del Salto de 1868, tal cual se le suministraba a la población, puede causar una enfermedad, principalmente en la  estación de verano.”

El peligro no estaba ni estuvo nunca en el río. Los aljibes, envenenados por la filtración de los pozos negros, encerraban el peligro terrible, que luego de concretó en la fiebre tifoidea, que estallaba en epidemias violentas año por año y tendía a estacionarse, endémica.

El caso, por los demás, se reproducía en muchas poblaciones de la República y el saneamiento de las ciudades del interior llegó a ser un urgente problema administrativo.

El Gobierno contrató para estudiar y solucionar el problema a un grupo de técnicos ingenieros franceses, que prepararon los planos completos y detallados de las obras, aprobadas después por el Ministerio de Obras Públicas (1911).

Tras una licitación frustránea, la empresa norteamericana Ulen Contractin y Co., ajustó con el Gobierno, la ejecución de las obras de aguas corrientes y alcantarillas del Salto, Paysandú y Mercedes (Febrero de 1916).

Una prolija combinación financiera, a base de la emisión de bonos especiales, sirvió de base al contrato, debiendo costar las obras completas unos cinco y medio millones de pesos.

El 27 de Julio de 1916 iniciáronse las obras en el Salto, y el 11 de Diciembre del año siguiente el Ministerio respectivo las recibió por terminadas.

Las obras construidas en nuestra ciudad fueron calculadas para una población de 46.000 habitantes, aunque no cuente en la actualidad con población que exceda a 30.000.

La toma de agua se hizo en le Río Uruguay, y se utilizó también el río para vertedero de las cloacas, existiendo unas 3 millas, corriente arriba, entre el primer punto y el segundo.

Las obras proyectadas por los técnicos franceses fueron modificadas en muchos detalles de construcción por ser necesario –a causa de la guerra europea que impedía el transporte de ciertos materiales- ajustarse a un plan desarrollable dentro del industrialismo norteamericano.

Comenzaron las obras por la instalación de la fábrica para hacer los tubos del alcantarillado, construyéndose un total de más de 40.000 metros, además de cuatro sifones de doble tubo –de 0m80- para salvar  el cauce de los arroyos Sauzal y de los Hornos.

La usina principal, departamento de bombas, filtros, decantamiento, etc., están situados sobre las barrancas del río en el Salto Chico.

La maquinaria de las bombas es un doble juego capaz de desarrollar cada  uno 150 caballos y elevan las aguas a un nivel de 75 metros.

Los estanques de sedimentación están construidos de hormigón y se dividen en dos compartimientos. Cada estanque tiene su cámara de mezclar y el proceso de sedimentación se realiza en 6 horas. Deposítanse las aguas clarificadas en pozos también de hormigón de 15 metros de superficie por 6 de profundidad capaces de contener 945.000 litros.

Una completa instalación de talleres, de reparación, laboratorio de análisis, usinas de luz eléctrica y oficinas administrativas completan los establecimientos del Salto Chico.

Don enormes depósitos de acero situados uno en el Cerro y otro cerca de la Casa de Aislamiento. Reciben de las bombas el agua que distribuirán las tuberías.

Mide cada depósito 30 metros de altura, siendo el diámetro del mayor 9 metros y 7 el del menor. Ambos están provistos de una escalera espiral, de acero que termina en un balcón circular, rodeando las tapas, también de acero.

Contienen ambos depósitos 5.184.000 litros de agua filtrada y pronta para el consumo, habiéndose calculado el gasto diario de la ciudad salteña en 8.406.000 litros.

La red de tuberías es de hierro fundido americano, con diámetro variable entre 0.60 y 0.10 formando un total de 38.000 metros incluyendo la tubería madre que va del cuerpo de bombas a los depósitos de contención.

Rn todas las bocacalles del barrio comercial, se instalaron bocas de incendio, a chorro, y donde el poblado no es tan denso la distribución se hizo proporcionadamente.

Fuera del servicio domiciliario una serie de hidrantes de cierre automático, colocados en postes de hierro que sirven para abastecer las necesidades de la población humilde, están repartidos en toda la ciudad, habiendo asimismo 4 hermosas fuentes públicas, última palabra en punto de higiene.

El servicio de caños de desagüe y cloacas, sirve como el de aguas toda la planta de la ciudad, y se adapta igualmente al arrastre de líquidos servidos y al de las aguas pluviales.

Siete vertederos especiales adaptados en sitios convenientes bastan para vaciar, en los caños, el exceso de aguas que pudiera provenir de las lluvias muy copiosas.

Toda esta completa instalación se gobierna por administración de una oficina central del Ministerio de Obras Públicas.”

Del  Libro : “Historia General de la Ciudad y el Departamento del Salto”

De : José M. Fernández Saldaña y César Miranda – 1920
Ver solicitud de Declaratoria de Interés Nacional

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